Diez razones por las que un
alcohólico escucha en una reunión
Hay
silencios que dicen mucho.
Lo he
aprendido durante mis 33 años de ejercicio profesional como psicólogo, pero
también lo aprendí escuchando a hombres y mujeres que, en algún momento de sus
vidas, llegaron a una reunión de Alcohólicos Anónimos buscando algo que muchas
veces ni siquiera sabían cómo nombrar.
He tenido
la oportunidad de conocer el alcoholismo desde diferentes escenarios: desde la
psicología, desde el trabajo con personas y familias, desde la experiencia
profesional y también desde el servicio durante seis años como Custodio Clase A
de la Comunidad de Alcohólicos Anónimos. Lo estoy haciendo ahora que soy director
de Prevención Eficaz SAS
Por eso,
cuando observo a un alcohólico sentado en una reunión, escuchando mientras otro
compañero habla, no veo simplemente a alguien que permanece callado.
Veo a una
persona que posiblemente está librando una conversación profunda consigo misma.
Porque en
Alcohólicos Anónimos se habla mucho, pero también se aprende mucho escuchando.
Y quizá
una de las razones por las cuales una reunión puede llegar tan profundamente al
corazón de un alcohólico es porque allí no escucha solamente las palabras de
otro. Muchas veces escucha su propia historia contada por una voz diferente.
1. Escucha porque, de pronto, encuentra su propia
historia en la historia de otro
El recién
llegado suele pensar que nadie puede entender lo que le ocurre.
“Mi caso
es diferente”.
Esa frase
aparece con frecuencia en quienes todavía están intentando comprender qué ha
sucedido con sus vidas.
Hasta que
alguien comienza a hablar.
Y cuenta
algo que parecía imposible que otra persona conociera.
Habla de
las promesas hechas a la familia. De las veces que aseguró que aquella sería la
última copa. De las noches que terminaron mal. De la vergüenza del día
siguiente. De las disculpas que dejaron de ser suficientes. De esa extraña
mezcla de querer dejar de beber y, al mismo tiempo, sentir que no se puede
vivir sin hacerlo.
Entonces
el que escucha descubre algo.
Tal vez
no ha vivido exactamente la misma historia, pero conoce la emoción.
Y aparece
una frase silenciosa dentro de él:
“Eso
también me pasó a mí”.
A veces
la identificación es el primer puente hacia la recuperación.
2. Escucha porque descubre que no está solo
El
alcoholismo puede producir una de las soledades más profundas.
No
necesariamente porque falten personas alrededor.
Alguien
puede dormir al lado de su esposa, vivir con sus hijos, trabajar todos los
días, tener amigos y aun así sentirse completamente solo.
Hay
pensamientos que no se atreve a contar.
Hay
recuerdos que le avergüenzan.
Hay
comportamientos que quisiera borrar.
Y hay
preguntas que lleva mucho tiempo haciéndose.
En una
reunión descubre que existen otros seres humanos que han conocido algunos de
esos mismos lugares oscuros.
No tiene
que explicar demasiado.
A veces
basta con escuchar.
Y
entonces ocurre algo sencillo, pero poderoso: deja de sentirse un caso único.
3. Escucha porque aprende de la experiencia y no
solamente de las palabras
Una
persona puede recibir muchos consejos durante su vida.
Pero hay
una diferencia enorme entre escuchar un consejo y escuchar a alguien que ha
vivido aquello de lo que está hablando.
El
alcohólico que cuenta cómo enfrentó una dificultad sin beber no está dictando una
conferencia.
Está
compartiendo una experiencia. Y lo hace desde su corazón para que otro corazón lo
reciba
Y quien
escucha puede encontrar allí una posibilidad.
“Si él
pudo pasar por eso sin tomar, quizá yo también pueda”.
La
recuperación muchas veces se construye de esa manera: observando a otros,
escuchando sus experiencias y descubriendo que existen caminos que antes
parecían imposibles. Ese es el lenguaje del corazón
4. Escucha porque empieza a reconocer lo que siente
Durante
años, algunas personas han aprendido a esconder sus emociones detrás del
alcohol.
La
tristeza se convierte en rabia.
El miedo
se transforma en agresividad.
La
soledad se disfraza de indiferencia.
La
frustración busca una botella.
En una
reunión, mientras otra habla, el alcohólico puede comenzar a reconocer algo que
durante mucho tiempo permaneció sin nombre.
“Yo también
tengo miedo”.
“Yo
también estoy resentido”.
“Yo
también estoy triste”.
Parece
sencillo, pero psicológicamente es un paso importante.
Porque
aquello que no podemos reconocer difícilmente podemos trabajarlo. Por eso la
frase de Carl Gustav Jung Lo que aceptas
te trasforma y lo que niegas te somete
5. Escucha porque no siempre quiere escuchar, pero
necesita hacerlo
Hay
palabras que acarician y palabras que incomodan. Hay palabras que construyen y
hay palabras que destruyen
Las
segundas también pueden ser necesarias.
En una
reunión puede escuchar a alguien hablar de responsabilidad, honestidad,
resentimientos, soberbia, miedo o de la necesidad de cambiar.
Y quizá
alguna de esas palabras le moleste.
Tal vez
quisiera que el problema siempre estuviera en los demás.
En la
pareja.
En los
hijos.
En el
jefe.
En la
sociedad.
En los
padres.
Pero
llega un momento en que comienza a comprender que recuperarse no significa
solamente dejar de beber.
También
significa comenzar a mirarse por dentro.
Y mirarse
de verdad no siempre resulta agradable.
Dejar de
culpar a los demas
6. Escucha para no olvidar quién fue y por qué
llegó
El tiempo
tiene una característica peligrosa.
Puede
hacer que los recuerdos pierdan intensidad.
Con los
meses o los años, algunas personas empiezan a recordar las cosas agradables
asociadas al alcohol y olvidan las consecuencias.
Recuerdan
la fiesta, pero olvidan la discusión.
Recuerdan
la alegría, pero olvidan la vergüenza.
Recuerdan
la copa, pero olvidan la mañana siguiente.
Entonces
alguien cuenta su historia.
Y algo
vuelve.
Un
recuerdo.
Una
sensación.
Una
escena.
Una
noche.
Una
pérdida.
La
memoria de aquello que alguna vez hizo que buscara ayuda.
Por eso
escuchar también puede ser una forma de recordar.
Recordar
no para vivir atrapado en el pasado, sino para no regresar a él.
7. Escucha porque descubre que la vida no tiene que
ser perfecta para poder vivirla sobrio
Una de
las grandes pruebas de la recuperación aparece cuando la vida vuelve a
presentar problemas. Ya la vida se vive sin la anestesia del alcohol
Porque
dejar de beber no significa que desaparezcan las dificultades.
La muerte
de un ser querido puede llegar.
Una
relación puede terminar.
El dinero
puede faltar.
Un hijo
puede causar preocupación.
Puede
aparecer una enfermedad.
Puede
haber una injusticia.
Puede
llegar un día triste.
Y
entonces aparece la antigua pregunta:
“¿Y ahora
qué hago con todo esto?”
Escuchar
a otros puede mostrarle una respuesta que antes desconocía.
Se puede
sufrir sin beber.
Se puede
llorar sin beber.
Se puede
sentir rabia sin beber.
Se puede
perder y continuar viviendo.
No se
trata de negar el dolor.
Se trata
de descubrir que el dolor no necesariamente tiene que conducir nuevamente a la
botella.
8. Escucha porque comienza a descubrir el valor de
la humildad
El
alcoholismo puede levantar muchas defensas.
“Yo
controlo”.
“Yo puedo
dejarlo cuando quiera”.
“Los
demás exageran”.
“Mi
problema no es tan grave”.
Son
frases que pueden proteger durante un tiempo una imagen que la realidad ya
comenzó a destruir.
Escuchar
es diferente.
Cuando
una persona escucha verdaderamente, deja por unos minutos la necesidad de tener
la razón.
No
necesita demostrar que sabe.
No necesita
convencer.
No
necesita justificar.
Simplemente
permanece allí.
Y en ese
silencio puede comenzar a aparecer algo muy valioso: la humildad necesaria para
reconocer que quizá todavía tiene mucho que aprender. Inicia la aceptación.
9. Escucha porque algún día comprende que también
puede ayudar a otro
Hay algo
hermoso en la recuperación.
El hombre
o la mujer que un día llegó buscando ayuda puede terminar siendo, con el
tiempo, alguien cuya sola presencia representa esperanza para otro.
Quizá ya
no recuerda exactamente qué dijo aquella primera persona que escuchó.
Pero
recuerda que había alguien allí.
Alguien
que llevaba años sin beber.
Alguien
que había reconstruido su vida.
Alguien
que sonreía.
Alguien
que podía hablar de sus errores sin esconderse.
Y un día
descubre que ahora puede ser él quien se siente al lado de un recién llegado.
Por eso
escuchar también puede ser una forma de servicio.
No
siempre hay que hablar para ayudar.
A veces
basta con estar.
10. Escucha porque, en determinados momentos,
escuchar puede significar aferrarse a la vida
Esta es
quizá la razón que más me conmueve.
No porque
una reunión sustituya la atención médica, psicológica o psiquiátrica cuando
esta sea necesaria. No porque todas las historias tengan el mismo desenlace.
Sino
porque he aprendido, después de tantos años trabajando con seres humanos, que
hay momentos en los que una persona necesita encontrar un lugar donde no sea
juzgada inmediatamente por sus errores.
Un lugar
donde pueda sentarse.
Respirar.
Escuchar.
Y
descubrir que alguien más pasó por algo parecido.
En
ocasiones, cuando una persona todavía no encuentra razones suficientes para
cambiar su vida, puede comenzar simplemente escuchando a quien ya encontró una
razón para seguir adelante.
Y eso
puede ser mucho.
Escuchar también es una manera de recuperarse
He
dedicado buena parte de mi vida profesional a escuchar a las personas.
He escuchado a adolescentes que no sabían cómo
expresar lo que sentían, a familias enfrentadas por conflictos que parecían
imposibles de resolver, a personas que habían tocado fondo y a otras que
buscaban una oportunidad para comenzar de nuevo.
También
he escrito nueve libros.
Pero hay
algo que ningún libro me ha enseñado de la misma manera que la vida: que
escuchar al ser humano exige mucho más que oír sus palabras.
Hay que
escuchar sus silencios.
Sus
contradicciones.
Sus
miedos.
Lo que
dice y también aquello que todavía no puede decir.
Por eso,
cuando pienso en el alcohólico que permanece sentado en una reunión mientras
otro compañero habla, no pienso que está simplemente esperando su turno.
Pienso
que posiblemente está haciendo un trabajo interior.
Quizá
está recordando.
Quizá
está comparando.
Quizá
está llorando por dentro.
Quizá
está encontrando una respuesta.
Quizá
está luchando contra el deseo de beber.
Quizá
está descubriendo que no está solo.
O quizá,
simplemente, está tratando de llegar sobrio al día siguiente.
Y eso
también merece respeto.
Porque
algunas veces la recuperación no comienza con una gran decisión.
Comienza
con algo mucho más pequeño.
Sentarse.
Guardar
silencio.
Y
escuchar.
Escuchar
a otro alcohólico puede ser escuchar una parte de la propia historia.
Puede ser
reconocer una herida que permanecía escondida.
Puede ser
encontrar una palabra para aquello que no se sabía nombrar.
Puede ser
recordar por qué se llegó.
Puede ser
descubrir que todavía existe esperanza.
Y en
determinadas noches, cuando todo parece demasiado difícil, puede ser
sencillamente la razón por la cual alguien decide no tomar el primer trago.
Después
de tantos años de profesión y de tantos años observando de cerca el fenómeno de
las adicciones, sigo creyendo que hay momentos en los que una palabra puede
ayudar.
Pero
también sigo creyendo que hay momentos en los que el silencio de alguien que
escucha puede decir mucho más.
Porque
escuchar no es estar vacío.
Escuchar
es abrir un espacio.
Y algunas
vidas comienzan a cambiar precisamente cuando encuentran un espacio donde, por
primera vez en mucho tiempo, alguien no les exige que demuestren nada.
Solo les
permite estar allí.
Y
escuchar.
