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lunes, 15 de febrero de 2016

A LA MEMORIA DEL PADRE CAMILO TORRES RESTREPO

CAMILO TORRES RESTREPO


Por  OSCAR SUAREZ 

Hoy, 15 de febrero de 2016, fecha en la que conmemoramos la muerte del padre Camilo Torres Restrepo, quisiera hacer algunas consideraciones para no dejar pasar inadvertida esta fecha.

Me unen con Camilo tres felices coincidencias.

La primera es haber nacido el mismo día, 3 de febrero de 1929.
La segunda es haber ocupado, tiempo después, la misma habitación del Seminario Mayor del Chicó, en Bogotá.
La tercera es que precisamente el día en que se dirigió a los obreros de Palmira, en el Parque Obrero de la ciudad, el sitio donde se ubicó la tarima fue la vivienda que en ese entonces tenían mis padres, cuando yo contaba con la edad de un año.

Pero, aparte de todo eso, lo más importante es recordar a Camilo Torres como el sacerdote católico perteneciente a la rancia y aristocrática clase sacerdotal que en ese tiempo representaba el clero arquidiocesano de Bogotá y que, aun así, enarboló las banderas de la lucha por la justicia social, mostrando sin miedos ni ambigüedades la opción por los pobres de Yahvé.

Aunque no comparto la decisión de empuñar las armas ni las guerras fratricidas, admiro en Camilo su decisión de ingresar a las filas del ELN, pues para él significó la coherencia entre el discurso reivindicatorio tantas veces expuesto y la acción. “La fe sin obras está vacía”, nos ha dicho el apóstol Santiago.

Fue un símbolo de rebeldía y esperanza. Fue un profeta para los de su tiempo y su mensaje trascendió incluso cincuenta años después de su muerte. Enseñó a pensar diferente, con mentalidad de libres y no de esclavos; a desconfiar de lo que dice la prensa oficial.

Camilo fue honesto con su corazón sacerdotal, pues sintió el dolor de las clases menos favorecidas y quiso ser la voz de los que no tenían voz. Se enfrentó al clero conservador y reaccionario, mostrando la pureza del Evangelio de Jesús.

Realizó su ministerio sacerdotal alejado no solo de los ritos y del simple recitar de plegarias, y pasó al servicio de los más pobres y necesitados, mostrando con ello su amor por el mensaje del Maestro, para quien siempre fue un soldado fiel.

Fue suspendido de su sacerdocio por no encuadrar en lo que el arzobispo de la época creía que debía ser un sacerdote; pero para Jesucristo, el único y real Sacerdote, Camilo es un sacerdote que está junto a su santuario del amor infinito.

Y para nosotros, los fieles, siempre fue un sacerdote auténtico, coherente y transparente, que celebró su eucaristía con hostias de amor humedecidas en el vino de su propia sangre.

Esta noche estamos viviendo un hecho de paz, porque reivindicamos el derecho a pensar con libertad y a mirar hacia el mensaje auténticamente evangélico. Buscamos la rebeldía sin odios ni violencia, sin derramamiento de sangre, y en la que se cree conciencia de la lucha por zanjar la inequidad tan espantosa que aún reina, después de estos cincuenta años, en nuestro país.

Recibimos el legado de Camilo: su amor por la lucha por la paz, con el nombre de justicia social.

Padre Mario Castellar, ha tomado usted las banderas de Camilo al ser un apóstol constante y presente de la conciencia del cambio sin violencia ni odios entre hermanos.

Oh, padre Camilo, hoy, cuando conmemoramos estos cincuenta años de tu partida, queremos agradecerte el amor y el compromiso con los más necesitados, tus enseñanzas a ser coherentes en el medio en que nos desempeñemos.
Siempre serás para nosotros el padre Camilo Torres, porque
eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.


Palabras pronunciadas el dia 16 de febrero de 2016 en la ciudad de Palmira,Valle,Colombia