INSTRUCCIONES PARA LA ESCUELA DE PADRES
Programa ESCUELA DE PADRES virtual
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jueves, 21 de mayo de 2026
martes, 28 de abril de 2026
TALLERES DE RECONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL CON ENFOQUE DE GÉNERO
PROPUESTA DE INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL Y RECONSTRUCCIÓN DEL
TEJIDO SOCIAL
CON ENFOQUE DE GÉNERO
Psicólogo Óscar Suárez
Psicólogo Clínico y forense – 33 años de experiencia profesional
Autor de nueve libros especializados en familia, adolescencia, adicciones y transformación humana
Exfuncionario de la Fiscalía General de la Nación
Especialista en intervención familiar, violencia intrafamiliar, adicción al alcohol, restauración emocional y procesos de reconciliación social
PRESENTACIÓN
La presente propuesta de intervención psicosocial y reconstrucción del tejido social con enfoque de género nace desde la experiencia acumulada durante más de 33 años de ejercicio profesional del Psicólogo Óscar Suárez, quien ha dedicado su vida al acompañamiento terapéutico, familiar y comunitario en contextos de alta complejidad emocional y social.
Su trayectoria como psicólogo en instituciones públicas y privadas, su labor dentro de la Fiscalía General de la Nación, su trabajo permanente con familias afectadas por violencia intrafamiliar, conflictos de pareja, crisis parentales, consumo problemático de alcohol y procesos restaurativos, le permiten ofrecer una intervención profunda, humana y transformadora.
Como autor de nueve libros enfocados en adolescencia, familia, reconciliación y prevención de adicciones, su metodología integra el conocimiento académico con la experiencia real del acompañamiento humano, priorizando la dignidad, la escucha activa, la corresponsabilidad emocional y la reconstrucción de vínculos desde la equidad.
Esta propuesta busca no solamente atender el conflicto, sino sanar sus raíces, promoviendo nuevas formas de convivencia basadas en el respeto, la igualdad, la comunicación consciente y la restauración de la confianza.
TALLERES DE RECONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL CON ENFOQUE DE GÉNERO
1. HISTORIAS QUE SANAN
Narrar para Transformar desde la Diversidad de Género
Objetivo:
Reconstruir las historias personales y familiares desde una mirada reflexiva que permita reconocer heridas, patrones aprendidos y posibilidades de transformación.
Aporte Profesional:
Desde su experiencia clínica y restaurativa, se trabaja la narrativa personal como herramienta de sanación, permitiendo resignificar experiencias dolorosas y fortalecer la identidad emocional.
2. SENTIR PARA SANAR
Alfabetización Emocional en Familias Diversas
Objetivo:
Desarrollar la capacidad de reconocer, nombrar y gestionar emociones dentro del sistema familiar.
Aporte Profesional:
Especialmente enfocado en familias afectadas por conflictos derivados del consumo de alcohol, violencia emocional y dificultades en el control de impulsos.
3. ACUERDOS QUE CUIDAN
Pactar para una Convivencia Igualitaria
Objetivo:
Construir acuerdos claros, sanos y sostenibles que fortalezcan el respeto mutuo y prevengan nuevas formas de violencia.
Aporte Profesional:
Aplicación de estrategias restaurativas utilizadas en procesos conciliatorios y de reparación emocional.
4. RELATOS QUE RECONCILIAN
Tejiendo Historias para Sanar desde la Equidad
Objetivo:
Promover la reconciliación desde el reconocimiento del daño, la reparación emocional y la responsabilidad afectiva.
Aporte Profesional:
Basado en procesos desarrollados en escenarios judiciales, familiares y comunitarios.
5. EMOCIONES EN JUEGO
Reconocer, Nombrar y Transformar desde la Perspectiva de Género
Objetivo:
Identificar cómo los mandatos de género afectan la expresión emocional y perpetúan relaciones de poder desiguales.
Aporte Profesional:
Intervención especializada en hombres con dificultades de regulación emocional y dependencia alcohólica.
6. CÍRCULOS DE CONFIANZA
Diálogos para el Reencuentro Familiar con Inclusión
Objetivo:
Fortalecer la escucha, el perdón responsable y la reconstrucción de la confianza familiar.
Aporte Profesional:
Círculos restaurativos guiados con enfoque terapéutico y restaurativo.
7. ARTE Y AFECTO
Pintando Nuevas Formas de Convivir en Igualdad
Objetivo:
Utilizar el arte como medio simbólico para expresar emociones difíciles de verbalizar.
Aporte Profesional:
Herramienta útil en adolescentes, parejas en crisis y procesos familiares con resistencia emocional.
8. PALABRAS QUE CUIDAN
Comunicación Empática y No Sexista en el Hogar
Objetivo:
Transformar los patrones de comunicación agresiva, descalificadora o violenta en formas de diálogo respetuoso.
Aporte Profesional:
Prevención de recaídas en violencia verbal asociada a estados de alicoramiento.
9. FAMILIAS EN ESCENA
Dramatizar para Comprender y Transformar Roles de Género
Objetivo:
Visibilizar patrones invisibles de control, manipulación y desigualdad mediante dramatizaciones terapéuticas.
Aporte Profesional:
Mayor conciencia sobre el impacto de los roles rígidos dentro del hogar.
10. BITÁCORAS DEL CORAZÓN
Escritura Creativa para la Reflexión Familiar con Enfoque de Género
Objetivo:
Favorecer procesos de introspección, reparación emocional y toma de decisiones conscientes.
Aporte final:
Leer el libro ORIENTACIONES PRACTICAS PARA LA MUJER QUE VA A SER MADRE y elaborar un video en el que se explique brevemente los aprendizajes logrados como pareja y familia.
Libro: ORIENTACIONES PRÁCTICAS PARA LA MUJER QUE VA A SER MADRE
RESULTADOS ESPERADOS
· Disminución de conflictos intrafamiliares
· Prevención de recaídas en violencia física y verbal
· Fortalecimiento de la corresponsabilidad afectiva
· Reconstrucción de vínculos parentales y de pareja
· Prevención de conductas asociadas al consumo problemático de alcohol
· Mayor equidad en la convivencia familiar
· Reparación emocional y restauración del tejido social
CIERRE PROFESIONAL
No se trata únicamente de evitar nuevas agresiones; se trata de aprender a convivir de una manera distinta.
Sanar una familia exige más que buenas intenciones: requiere guía profesional, compromiso emocional y decisiones conscientes.
Desde esa convicción, el Psicólogo Óscar Suárez propone estos talleres como una ruta real de transformación, donde cada historia puede dejar de ser una herida abierta para convertirse en una oportunidad de reconstrucción.
Porque sanar sí es posible, cuando se trabaja con verdad, responsabilidad y amor propio.
miércoles, 1 de abril de 2026
“La Muerte No es la respuesta: el grito silencioso detrás del suicidio y la eutanasia”
“La Muerte No es
la respuesta: el grito silencioso detrás del suicidio y la eutanasia”
-Una reflexión
sobre el suicidio, la eutanasia y el sentido de vida
Por
OSCAR SUAREZ
El caso en Colombia de Catalina Giraldo Silva, una psicóloga de 30 años que solicitó el
suicidio médicamente asistido tras años de sufrimiento psíquico, no solo abrió
un debate jurídico sin precedentes en el país, sino que marcó un punto de
tensión entre el derecho, la salud mental y los límites de la dignidad humana.
Su solicitud, presentada en octubre de 2025, se
convirtió en el primer intento formal en Colombia de acceder a la muerte
médicamente asistida por causas exclusivamente relacionadas con salud mental.
Sin embargo, lejos de resolverse, su caso quedó atrapado en un vacío normativo:
aunque la Corte Constitucional reconoció este derecho en 2022, su aplicación
sigue dependiendo de una reglamentación inexistente. La negativa institucional
no respondió al fondo del sufrimiento, sino a la ausencia de condiciones
legales para proceder.
Días después, en un escenario distinto, pero
profundamente conectado, el caso de Noelia Castillo Ramos en España —quien sí
accedió a la eutanasia— encendió un debate internacional sobre los límites
éticos del acompañamiento clínico, la responsabilidad del Estado y el papel de
los profesionales de la salud mental.
La
secuencia no es menor: primero, una mujer en Colombia que pide morir y no
puede; luego, otra en Europa que lo solicita y sí lo logra.
Entre ambos casos emerge una pregunta inquietante:
¿Estamos frente a dos sistemas
opuestos… o ante la misma incapacidad de comprender profundamente el
sufrimiento humano?
El
derecho a sentir el peso de existir
Hay una
verdad incómoda que debe ser reconocida sin ambigüedades: vivir duele.
¿Quien dijo que vivir era facil?
Duele perder, fracasar, enfermar,
amar sin ser correspondido. Duele, incluso, existir.Duele existir en esta socidad capitalista que te valora solo por lo economico o por la belleza fisica
El pensamiento de Albert Camus lo planteaba con
crudeza al afirmar que El SUICIDIO ES EL UNICO PROBLEMA FILOSOFICO SERIO. No
porque lo promoviera, sino porque entendía que todo ser humano, en algún
momento, se enfrenta al vacío, a la náusea de la vida, a la sensación de
absurdo.
Y es
necesario decirlo con claridad:
Tenemos derecho a sentirnos cansados, vacíos,
incluso desbordados por la vida.Es un derecho tan humano que incluso la Biblia lo reivindica en las palbaras de Job
Pero
reconocer ese derecho no equivale a convertir la muerte en respuesta.
Entre
enfermedad mental, sufrimiento y percepción de no salida
El caso de Catalina Giraldo exige una precisión
clínica que no puede pasarse por alto. No estamos únicamente frente a una
experiencia existencial de vacío, sino ante diagnósticos complejos: trastorno
depresivo mayor severo y persistente, trastorno límite de la personalidad y
trastorno de ansiedad.
Esto
cambia radicalmente el análisis.
La
depresión no es solo tristeza. Es una alteración profunda de la percepción, del
juicio y de la esperanza. Convence a quien la padece de que no hay salida,
incluso cuando sí la hay.
Cuando alguien afirma “no hay solución”, la
psicología clínica advierte que muchas veces no se trata de una verdad OBJETIVA,
sino de una construcción SUBJETIVA afectada por el trastorno.
Aceptar el suicidio asistido en este contexto
implicaría validar como definitiva una percepción que, por definición clínica,
es potencialmente modificable.
El caso
de Catalina revela una paradoja estructural del Estado colombiano: existe el
derecho, pero no existe el camino para ejercerlo.
Desde
1997, la eutanasia es legal en Colombia. En 2022, se abrió la puerta al
suicidio médicamente asistido. Sin embargo, la falta de regulación concreta
convierte ese derecho en una promesa vacía.
La
respuesta de la EPS no fue ética ni clínica: fue administrativa.
La decisión judicial tampoco abordó el fondo del problema.
Y la
Corte Constitucional, al no seleccionar el caso, dejó en suspenso una discusión
que el país no puede seguir aplazando.
Así,
Catalina no encontró una respuesta a su sufrimiento, sino un laberinto
institucional.
El caso
de Noelia Castillo Ramos representa el otro extremo: un sistema donde la
solicitud sí puede materializarse.
Pero esto
no resuelve el problema de fondo. Lo transforma.
Porque la
pregunta deja de ser jurídica para convertirse en ética y clínica:
¿haber
agotado procedimientos garantiza que se agotaron las posibilidades reales de
vida?
¿autorizar la muerte es siempre una forma de respetar la dignidad?
Ambos
casos, lejos de contradecirse, se complementan en una misma preocupación:
la dificultad de distinguir entre una decisión autónoma y una rendición ante el
sufrimiento.
“Estoy
cansada”.
En
Catalina, esta frase no surge de una incomodidad pasajera, sino de años de
sufrimiento clínico. Pero incluso así, el riesgo permanece:
si el
cansancio —por más profundo que sea— se convierte en criterio suficiente para
morir, la frontera ética se desdibuja peligrosamente.
Porque
entonces la pregunta ya no será quién puede morir,
sino quién logra resistir.
Autonomía
o abandono: una línea peligrosamente delgada
Ambos
casos obligan a una reflexión incómoda:
¿estamos
ampliando derechos… o normalizando formas sofisticadas de abandono?
La
autonomía no puede analizarse al margen del contexto emocional, clínico y
social.
Una decisión puede parecer libre, pero estar profundamente condicionada por el
dolor, la soledad o la desesperanza.
Cuando la
sociedad no logra ofrecer alternativas reales de alivio, la elección de morir
deja de ser plenamente autónoma.
No existe
una muerte sin impacto.
En
contextos de suicidio asistido o eutanasia por sufrimiento psíquico, el efecto
puede ser aún más complejo: familias atravesadas por dudas, profesionales
cuestionados, y una sociedad que recibe un mensaje ambiguo.
Especialmente
cuando se trata de una psicóloga, el símbolo es poderoso —y peligroso—:
quien estaba llamada a ayudar, no encontró razones para quedarse.
En un
país como Colombia, donde el suicidio es un problema de salud pública, este
tipo de mensajes puede debilitar profundamente los esfuerzos de prevención.
Quien
pide morir no siempre quiere dejar de vivir.
Muchas veces quiere dejar de sufrir.
Y ahí
radica la responsabilidad ética más profunda:
¿responder
eliminando el sufrimiento… o eliminando a quien sufre?
Ayudar no
es rendirse con el otro.
Es sostenerlo incluso cuando él ya no puede hacerlo.
La
evidencia clínica es clara: muchas personas que en algún momento desearon
morir, tiempo después agradecen haber encontrado otra posibilidad.
El caso
de Catalina Giraldo no debe cerrarse como un expediente más. Debe convertirse
en un punto de inflexión.
Colombia
necesita:
•
Reglamentar de manera urgente el suicidio médicamente asistido, evitando vacíos
que profundicen el sufrimiento.
• Fortalecer el sistema de salud mental con acceso oportuno, continuo y
especializado.
• Diferenciar con rigor clínico el sufrimiento existencial de los trastornos
tratables.
• Reforzar estrategias de prevención del suicidio, especialmente en población
joven.
• Construir redes reales de acompañamiento que reduzcan la soledad estructural.
Defender
la vida no es negar el dolor.
Es negarse a que el dolor tenga la última palabra.
El caso
de Catalina ocurrió primero. El de Noelia después.
Pero ambos nos están diciendo lo mismo:
algo está
fallando en la forma en que acompañamos el sufrimiento humano.
Quizá la
pregunta no sea si la vida siempre vale la pena.
Quizá la verdadera pregunta sea:
¿Qué
estamos haciendo como sociedad para que alguien, incluso en medio del
agotamiento más profundo, encuentre razones para quedarse?
Porque el verdadero desafío no es
decidir sobre la muerte,
sino aprender —de una vez por todas— a sostener la vida… incluso cuando duele.
jueves, 26 de marzo de 2026
UNA SOCIEDAD QUE MATA A SUS CIUDADANOS PORQUE ES INCAPAZ DE AYUDAR A ALIVIAR SU SUFRIMIENTO
Una reflexión desde la psicología clínica y la prevención del suicidio
Por Oscar Suárez
La muerte
de Noelia Castillo Ramos ya no es una posibilidad ni un debate en abstracto.
Es un hecho.
Ocurrió.
Y con ella no solo se extinguió la vida de una
joven de 25 años en plena primavera de su existencia, sino que quedó expuesta
una herida ética, clínica y social que difícilmente podremos ignorar.
Y para
comprender la profundidad de lo ocurrido, no basta con analizar el caso desde
lo jurídico o lo clínico.
Es necesario, primero, detenerse y mirar su historia.
Imaginarla.
Imaginar
que tienes 13 años y te sacan de tu casa porque tu hogar no puede sostenerte.
Imaginar que creces sin el cuidado básico que todo ser humano necesita.
Imaginar
que una noche eres víctima de una agresión sexual brutal que rompe tu cuerpo y
tu mundo interno.
Imaginar
que, desde ese momento, no solo cargas con el recuerdo, sino con heridas
persistentes: depresión severa, un trastorno de personalidad, una sensación
constante de ruptura interior.
Imaginar
que el dolor se vuelve tan intenso que intentas morir.
Y no lo logras.
Imaginar
que sobrevives, pero no vuelves a la vida: despiertas con secuelas físicas
irreversibles, con una discapacidad mayor, con el cuerpo convertido en un
territorio de dolor permanente.
Imaginar
que lo intentas otra vez.
Y otra.
Imaginar
que cada día se vuelve una lucha que ya no quieres librar.
Que el cansancio no es momentáneo, sino estructural.
Imaginar
que pides morir.
Y que el sistema finalmente te dice que sí.
Pero
también imaginar que ese “sí” llega después de años de disputa, de resistencia,
de tensiones familiares, de intentos por detener lo inevitable.
Y
entonces, solo entonces, entender que Noelia no murió en una fase terminal.
Murió en medio del dolor.
Murió en medio del cansancio.
Murió en medio de una historia profundamente fracturada.
Una muerte que interpela a la psicología… y a la sociedad
Para
quienes trabajamos durante años en la prevención del suicidio, esta muerte no
se siente como un cierre digno sin más.
Se vive,
más bien, como una DERROTA.
Porque
detrás de su decisión había elementos clínicos claramente identificables:
- trauma severo no resuelto
- dolor físico crónico
- agotamiento emocional
extremo
- pérdida de sentido de vida
- desesperanza persistente
En el lenguaje clínico, estas no son condiciones
que indiquen ausencia de alternativas.
Son, por el contrario, señales que históricamente han movilizado todos los
esfuerzos terapéuticos posibles.
Sin
embargo, en este caso, la respuesta no fue sostener la vida hasta el límite de
las posibilidades, sino validar la muerte como salida.
Y ahí
nace la incomodidad.
El peligro de convertir el “cansancio” en argumento
Noelia
decía estar cansada.
Y ese cansancio era real.
Pero en
psicología sabemos algo fundamental:
el cansancio no es una verdad definitiva sobre la vida, sino la expresión de un
sistema emocional colapsado.
Si ese
estado se convierte en criterio suficiente para morir, la pregunta es
inevitable:
¿Qué
mensaje estamos enviando a millones de jóvenes que hoy también están cansados?
Porque el
riesgo no está solo en este caso individual.
Está en el modelo que se construye:
Que ante
el sufrimiento profundo, desaparecer puede ser una opción validada.
Y en una
época marcada por la depresión, el vacío y la desesperanza, ese mensaje no es
neutro.
Es profundamente estructurante.
Una muerte legal… pero ¿también suficiente desde lo
humano?
El caso
cumplió con los requisitos legales.
Fue autorizado.
Fue validado.
Pero la
legalidad no responde todas las preguntas.
Aceptar
esta muerte implica asumir que:
- ya no había alternativas
reales
- el sufrimiento era
completamente irreversible
- la percepción de Noelia no
podía cambiar
Y la experiencia
clínica muestra que, incluso en escenarios extremos, el ser humano puede
reconstruir sentido cuando encuentra acompañamiento sostenido, vínculo y nuevas
formas de significado.
Por eso
la pregunta sigue abierta:
¿Se
agotaron todas las posibilidades… o nos agotamos como sociedad para sostenerla?
El dolor no terminó: solo cambió de lugar
La muerte
de Noelia no eliminó el sufrimiento.
Lo
desplazó.
Quedó en
su familia.
Quedó en quienes intentaron acompañarla.
Quedó en una sociedad que ahora debe procesar lo ocurrido.
Porque el
dolor no desaparece con la muerte.
Se transforma.
Se redistribuye.
El mensaje para los jóvenes
Este caso
tiene un impacto simbólico profundo.
Especialmente
en una generación que ya vive:
- agotamiento emocional
- vacío existencial
- pérdida de propósito
- fragilidad psicológica
En ese
contexto, la validación de la muerte como respuesta al sufrimiento instala una
idea peligrosa:
si no
puedes más, es comprensible querer dejar de existir.
Y eso
contradice décadas de trabajo en prevención del suicidio, donde el principio ha
sido otro:
si no
puedes más, necesitas más apoyo, no menos vida.
¿Qué significa realmente ayudar?
Aquí está
la pregunta más incómoda:
¿Qué
significa ayudar a alguien que sufre profundamente?
¿Facilitar
su muerte?
¿O permanecer cuando ya no quiere seguir?
Desde la
psicología clínica, ayudar nunca ha sido abandonar.
Ayudar
es:
- sostener cuando todo se
derrumba
- acompañar en la desesperanza
- insistir cuando el otro se
rinde
- abrir posibilidades donde
solo hay cierre
Ayudar
implica, muchas veces, resistir junto al otro el peso del dolor.
Conclusión: una sociedad en tensión
La
historia de Noelia no es solo una tragedia individual.
Es un espejo social.
Porque
también es cierto —y no puede ignorarse— que su vida estuvo marcada por el
abandono, la violencia y un dolor acumulado que ninguna persona debería
soportar.
Y en ese
punto aparece la tensión real:
entre
comprender su sufrimiento…
y preguntarnos si la muerte es la respuesta que queremos institucionalizar como
sociedad.
Hoy no
basta con juzgar.
Tampoco basta con justificar.
Lo que
este caso exige es una reflexión más profunda:
sobre
cómo cuidamos,
cómo acompañamos,
y hasta dónde estamos dispuestos a sostener la vida cuando más duele.
Porque
cuando una sociedad empieza a considerar la muerte como solución,
el verdadero riesgo no es solo que algunos mueran…
sino que muchos dejen de creer que vale la pena vivir.
martes, 17 de marzo de 2026
Carta a la colega CATALINA GIRALDO SILVA
Carta a la colega Catalina Giraldo Silva
Estimada Catalina:
He leído tu historia y he escuchado con
respeto la profundidad de tu dolor. No escribo desde el juicio, sino desde la
experiencia de muchos años acompañando a personas que, como tú, han sentido que
la vida pesa demasiado, que el alma se agota y que el sentido parece
desaparecer.
También escribo desde un lugar
profundamente personal: tengo una hija que lleva tu mismo nombre. Y quizá
por eso, al leerte, no puedo evitar sentir que esta carta también nace desde un
lugar de padre, además de psicólogo.
Querida colega Catalina, nadie dijo que
vivir fuera fácil. La vida, en muchos momentos, se vuelve cuesta arriba,
incomprensible, incluso insoportable. Todos los seres humanos, en algún punto,
hemos sentido esa especie de náusea de la vida, ese cansancio profundo, esa
ausencia de sentido que parece no tener salida. Lo que tú sientes no es ajeno a
la condición humana, aunque en tu caso haya alcanzado una intensidad
desgarradora.
Sé que has luchado. Sé que no ha sido
por falta de intentos. Sé que el cansancio del que hablas no es superficial,
sino el resultado de años de batallas internas. Y precisamente por eso, tu
historia no puede reducirse a una decisión final.
Tu dolor es real. Y la desesperanza no es definitiva. La desesperanza
tiene fecha de caducidad.
A lo largo de la historia encontramos
ejemplos profundamente humanos que nos recuerdan esto. William Griffith Wilson
padeció depresión severa, luchó contra el alcoholismo y atravesó momentos de
profunda desesperanza e ideas de muerte. Sin embargo, fue precisamente desde
ese abismo que surgió una de las iniciativas de ayuda más grandes del mundo: Alcohólicos Anónimos. Su dolor no fue
el final de su historia; se transformó en un propósito que ha salvado millones
de vidas.
Y es aquí donde quiero detenerme contigo,
con respeto, pero con firmeza: la respuesta a ese dolor no puede ser la muerte.
No puede serlo para ti, y no puede
serlo como mensaje para una sociedad entera que hoy lucha por sostener la vida
en medio del sufrimiento. La respuesta del Estado, de la medicina y de la
psicología no puede ser acompañar la renuncia, sino fortalecer el cuidado.
Entiendo tu deseo de no hacer daño a tu
familia, de evitarles una escena violenta, de permitirles acompañarte. Ese amor
que expresas hacia ellos es profundamente valioso. Pero incluso en un escenario
“controlado”, tu ausencia dejará un vacío, preguntas, silencios difíciles de
sanar. El dolor no desaparece; solo cambia de forma.
Y permíteme decirte algo desde ese
lugar de padre: ninguna madre, ninguna hermana, ningún ser que te ame, está
realmente preparado para aprender a vivir sin ti.
Colega hay algo que no puedo dejar de expresar: eres
psicóloga. Has sido formada para comprender el sufrimiento humano, para
acompañar procesos, para sostener a otros en momentos de oscuridad. Hoy eres tú
quien necesita ser sostenida. Y no hay
ninguna vergüenza en eso. Los psicólogos somos personas vulnerables. Hemos sentido
el dolor y por eso empatizamos con quienes nos buscan profesionalmente.
Pero tu historia, tu decisión, también habla a muchos otros que te miran.
Este momento de tu vida, aunque hoy lo
sientas como un límite, podría convertirse en algo distinto. Podría ser el
punto de partida de un significado nuevo. En un país como Colombia, donde
muchos jóvenes viven atrapados en la desesperanza por la ausencia de
oportunidades, tu historia podría llegar a ser un testimonio poderoso de
resistencia, de lucha, de reconstrucción del sentido.
Podrías, incluso sin proponértelo hoy, inspirar a otros a amar la vida
en medio de la dificultad.
Te comparto también algo de mi camino:
actualmente trabajo en proyectos orientados a brindar ánimo y acompañamiento a
quienes cuidan a otros en el área de discapacidad de la Gobernación del Valle
del Cauca, a personas que muchas veces se desgastan en silencio y sienten que
no pueden más. En ellos he aprendido algo que hoy quiero decirte con total
convicción: nunca hay que perder la esperanza, incluso cuando parece
que ya no queda nada.
Por eso, más allá de lo profesional, quiero hablarte como si le hablara
a mi propia hija:
Catalina, quédate un poco más.
No como una exigencia, sino como una posibilidad.
Quédate para explorar caminos que quizá aún no han sido recorridos del todo.
Quédate para permitirte ser acompañada de nuevas maneras.
Quédate porque incluso en medio del dolor, la vida sigue teniendo espacios que
aún no han sido descubiertos.
A lo largo de mi vida profesional he
visto algo que nunca deja de conmoverme: personas que en algún momento
estuvieron convencidas de que no podían continuar, tiempo después agradecen no
haber tomado una decisión definitiva.
No porque el dolor haya desaparecido por completo, sino porque aprendieron
a transitarlo de otra manera.
No te pido que tengas todas las respuestas hoy.
No te pido que dejes de sentir lo que sientes.
Solo te pido que no tomes una decisión irreversible en medio de un dolor que,
aunque profundo, puede transformarse.
Tu vida tiene valor, incluso ahora.
Tu historia no está terminada.
Y tu existencia, aunque hoy te parezca vacía, sigue teniendo un significado que
tal vez aún no alcanzas a ver.
Gracias por este día más de vida.
Con respeto, con humanidad y con esperanza,
tu colega
OSCAR SUÁREZ
Psicólogo


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