Entre Humanizar o Animalizar: lo que nos está
diciendo el fenómeno Therian
Por:
Oscar Suárez, psicólogo
Autor de Papá acércate, soy adolescente
La adolescencia es el fenómeno psicológico de construcción
de identidad adulta. Se ha dicho muchas veces que el producto final de este
proceso es el YO adulto. Un momento donde el “¿quién soy?” no se responde con
certezas, sino con pruebas, ensayos y, muchas veces, confusiones comprensibles.
Hoy estamos viendo un fenómeno que no puede
abordarse ni desde la burla ni desde la validación automática. Existen adultos
entre quienes presentan estas manifestaciones, sin embargo, me referiré especialmente
a los adolescentes que conforman la mayoría de este fenómeno. Jóvenes que no
solo sienten afinidad con animales, sino que afirman serlo
No como
metáfora.
No como juego.
No como expresión estética.
Sino como
identidad.Ahí está el punto que cambia todo.
Porque la humanidad siempre ha mirado hacia lo
animal para comprenderse mejor. El lobo como símbolo de pertenencia, el felino
como independencia, el caballo como libertad. En ese movimiento, el animal
servía para humanizar la experiencia, para traducir emociones complejas
en imágenes comprensibles.
Era un
recurso simbólico.
Pero
cuando el discurso pasa de:
👉 “me identifico con…”
a
👉 “yo soy…”
dejamos
el terreno del símbolo y entramos en la literalidad. Entramos en la psicosis o
locura
Y la
literalidad no integra: reemplaza. Aquí aparece una tensión profunda que no es
ideológica, sino psicológica:
¿Estamos
usando lo animal para comprender lo humano?
¿O estamos desplazando lo humano hacia lo instintivo?
En otras
palabras:
¿Estamos
humanizando…
o comenzando a animalizar?
Esto no
significa que cada joven que atraviesa estas expresiones esté desconectado de
la realidad de forma estructural. Muchas veces, lo que hay detrás es algo mucho
más cotidiano y silencioso:
- soledad
- dificultad para nombrar el
malestar
- experiencias de rechazo
- sensación de no encajar en
lo humano disponible
Lo animal
aparece entonces como refugio:
no exige
lenguaje complejo,
no exige contradicción,
no exige historia. No exige responsabilidad laboral ni compromisos académicos
Ser
animal puede sentirse más simple que ser persona. Pero la adolescencia no
necesita que le simplifiquen la identidad. Necesita que la acompañen a complejizarla.
Que le acompañen a reconocerla en lo real
Hoy, sin
embargo, muchos adultos han quedado atrapados en un dilema mal planteado: temen
que orientar sea invalidar. Y así, acompañar comienza a confundirse con
permitir.
Respetar,
con no intervenir. Aceptar, con no diferenciar fantasía de realidad.
Pero el
adolescente no solo necesita comprensión emocional. Necesita límites simbólicos que lo mantengan anclado a lo humano. Que
lo mantengan en ubicación personal de tiempo, espacio y persona sana
mentalmente.
Porque
crecer implica integrar lo instintivo, no organizarse alrededor de ello.
Humanizar
no es negar lo que el joven siente. Pero tampoco es confirmar toda
autodefinición como si fuera una verdad incuestionable.
Humanizar
es ayudar a traducir la experiencia en palabras, vínculos y proyectos.
Animalizar,
en cambio, aparece cuando la identidad se repliega hacia lo pre-reflexivo,
hacia lo que no necesita narrarse ni pensarse. Hacia el mundo de la locura o
psicosis
El
desafío actual no es reprimir la exploración adolescente.
Es algo
más difícil:
✔ permitir sin abandonar la orientación
✔ validar sin renunciar a la realidad
✔ acompañar sin disolver la función adulta
Porque el
adolescente no solo busca ser entendido.
Busca
—aunque no lo diga— referencias. Necesita la realidad
Y si el mundo adulto se retira
por miedo a incomodar, el vacío no se llena con libertad. Se llena con desorientación.
Crecer no consiste en elegir cualquier forma de ser.
Consiste
en aprender a habitar la propia humanidad, incluso cuando resulta incómoda,
contradictoria o dolorosa. QUIEN DIJO
QUE VIVIR ERA FACIL
Esa sigue
siendo, hoy más que nunca, una tarea compartida.
Y también
una responsabilidad adulta que no podemos delegar en el algoritmo, la moda o la
tendencia del momento.
Participemos activamente en el proceso en que nuestros adolescentes se conviertan en verdaderos ADULTOS






