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martes, 28 de abril de 2026

TALLERES DE RECONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL CON ENFOQUE DE GÉNERO

 



PROPUESTA DE INTERVENCIÓN PSICOSOCIAL Y RECONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL

CON ENFOQUE DE GÉNERO

Psicólogo Óscar Suárez

Psicólogo Clínico y forense – 33 años de experiencia profesional
Autor de nueve libros especializados en familia, adolescencia, adicciones y transformación humana


Exfuncionario de la Fiscalía General de la Nación
Especialista en intervención familiar, violencia intrafamiliar, adicción al alcohol, restauración emocional y procesos de reconciliación social

 

PRESENTACIÓN

La presente propuesta de intervención psicosocial y reconstrucción del tejido social con enfoque de género nace desde la experiencia acumulada durante más de 33 años de ejercicio profesional del Psicólogo Óscar Suárez, quien ha dedicado su vida al acompañamiento terapéutico, familiar y comunitario en contextos de alta complejidad emocional y social.

Su trayectoria como psicólogo en instituciones públicas y privadas, su labor dentro de la Fiscalía General de la Nación, su trabajo permanente con familias afectadas por violencia intrafamiliar, conflictos de pareja, crisis parentales, consumo problemático de alcohol y procesos restaurativos, le permiten ofrecer una intervención profunda, humana y transformadora.

Como autor de nueve libros enfocados en adolescencia, familia, reconciliación y prevención de adicciones, su metodología integra el conocimiento académico con la experiencia real del acompañamiento humano, priorizando la dignidad, la escucha activa, la corresponsabilidad emocional y la reconstrucción de vínculos desde la equidad.

Esta propuesta busca no solamente atender el conflicto, sino sanar sus raíces, promoviendo nuevas formas de convivencia basadas en el respeto, la igualdad, la comunicación consciente y la restauración de la confianza.

 

 TALLERES DE RECONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL

CON ENFOQUE DE GÉNERO

 

1. HISTORIAS QUE SANAN

Narrar para Transformar desde la Diversidad de Género

Objetivo:

Reconstruir las historias personales y familiares desde una mirada reflexiva que permita reconocer heridas, patrones aprendidos y posibilidades de transformación.

Enfoque del Psicólogo Óscar Suárez:

Desde su experiencia clínica y restaurativa, se trabaja la narrativa personal como herramienta de sanación, permitiendo resignificar experiencias dolorosas y fortalecer la identidad emocional.

 

2. SENTIR PARA SANAR

Alfabetización Emocional en Familias Diversas

Objetivo:

Desarrollar la capacidad de reconocer, nombrar y gestionar emociones dentro del sistema familiar.

Sello Profesional:

Especialmente enfocado en familias afectadas por conflictos derivados del consumo de alcohol, violencia emocional y dificultades en el control de impulsos.

 
 

3. ACUERDOS QUE CUIDAN

Pactar para una Convivencia Igualitaria

Objetivo:

Construir acuerdos claros, sanos y sostenibles que fortalezcan el respet

o mutuo y prevengan nuevas formas de violencia.

Metodología:

Aplicación de estrategias restaurativas utilizadas en procesos conciliatorios y de reparación emocional.

 

4. RELATOS QUE RECONCILIAN

Tejiendo Historias para Sanar desde la Equidad

Objetivo:

Promover la reconciliación desde el reconocimiento del daño, la reparación emocional y la responsabilidad afectiva.

Experiencia Aplicada:

Basado en procesos desarrollados en escenarios judiciales, familiares y comunitarios.

 

5. EMOCIONES EN JUEGO

Reconocer, Nombrar y Transformar desde la Perspectiva de Género

Objetivo:

Identificar cómo los mandatos de género afectan la expresión emocional y perpetúan relaciones de poder desiguales.

Aporte Profesional:

Intervención especializada en hombres con dificultades de regulación emocional y dependencia alcohólica.

 

6. CÍRCULOS DE CONFIANZA

Diálogos para el Reencuentro Familiar con Inclusión

Objetivo:

Fortalecer la escucha, el perdón responsable y la reconstrucción de la confianza familiar.

Método:

Círculos restaurativos guiados con enfoque terapéutico y restaurativo.

 

7. ARTE Y AFECTO

Pintando Nuevas Formas de Convivir en Igualdad

Objetivo:

Utilizar el arte como medio simbólico para expresar emociones difíciles de verbalizar.

Valor Agregado:

Herramienta útil en adolescentes, parejas en crisis y procesos familiares con resistencia emocional.

 

8. PALABRAS QUE CUIDAN

Comunicación Empática y No Sexista en el Hogar

Objetivo:

Transformar los patrones de comunicación agresiva, descalificadora o violenta en formas de diálogo respetuoso.

Especialidad:

Prevención de recaídas en violencia verbal asociada a estados de alicoramiento.

 

9. FAMILIAS EN ESCENA

Dramatizar para Comprender y Transformar Roles de Género

Objetivo:

Visibilizar patrones invisibles de control, manipulación y desigualdad mediante dramatizaciones terapéuticas.

Resultado Esperado:

Mayor conciencia sobre el impacto de los roles rígidos dentro del hogar.

 

10. BITÁCORAS DEL CORAZÓN

Escritura Creativa para la Reflexión Familiar con Enfoque de Género

Objetivo:

Favorecer procesos de introspección, reparación emocional y toma de decisiones conscientes.

Sello Personal:

Integración de técnicas narrativas utilizadas por el autor en sus procesos terapéuticos y en la construcción de sus obras publicadas.

 

RESULTADOS ESPERADOS

  • Disminución de conflictos intrafamiliares
  • Prevención de recaídas en violencia física y verbal
  • Fortalecimiento de la corresponsabilidad afectiva
  • Reconstrucción de vínculos parentales y de pareja
  • Prevención de conductas asociadas al consumo problemático de alcohol
  • Mayor equidad en la convivencia familiar
  • Reparación emocional y restauración del tejido social

 

CIERRE PROFESIONAL

No se trata únicamente de evitar nuevas agresiones; se trata de aprender a convivir de una manera distinta.

Sanar una familia exige más que buenas intenciones: requiere guía profesional, compromiso emocional y decisiones conscientes.

Desde esa convicción, el Psicólogo Óscar Suárez propone estos talleres como una ruta real de transformación, donde cada historia puede dejar de ser una herida abierta para convertirse en una oportunidad de reconstrucción.

Porque sanar sí es posible, cuando se trabaja con verdad, responsabilidad y amor propio.

 

miércoles, 1 de abril de 2026

“La Muerte No es la respuesta: el grito silencioso detrás del suicidio y la eutanasia”

  





“La Muerte No es la respuesta: el grito silencioso detrás del suicidio y la eutanasia”

-Una reflexión sobre el suicidio, la eutanasia y el sentido de vida

Por

OSCAR SUAREZ


El caso en Colombia de Catalina Giraldo Silva, una psicóloga de 30 años que solicitó el suicidio médicamente asistido tras años de sufrimiento psíquico, no solo abrió un debate jurídico sin precedentes en el país, sino que marcó un punto de tensión entre el derecho, la salud mental y los límites de la dignidad humana.

Su solicitud, presentada en octubre de 2025, se convirtió en el primer intento formal en Colombia de acceder a la muerte médicamente asistida por causas exclusivamente relacionadas con salud mental. Sin embargo, lejos de resolverse, su caso quedó atrapado en un vacío normativo: aunque la Corte Constitucional reconoció este derecho en 2022, su aplicación sigue dependiendo de una reglamentación inexistente. La negativa institucional no respondió al fondo del sufrimiento, sino a la ausencia de condiciones legales para proceder.

Días después, en un escenario distinto, pero profundamente conectado, el caso de Noelia Castillo Ramos en España —quien sí accedió a la eutanasia— encendió un debate internacional sobre los límites éticos del acompañamiento clínico, la responsabilidad del Estado y el papel de los profesionales de la salud mental.

La secuencia no es menor: primero, una mujer en Colombia que pide morir y no puede; luego, otra en Europa que lo solicita y sí lo logra.
Entre ambos casos emerge una pregunta inquietante:

¿Estamos frente a dos sistemas opuestos… o ante la misma incapacidad de comprender profundamente el sufrimiento humano?

El derecho a sentir el peso de existir

Hay una verdad incómoda que debe ser reconocida sin ambigüedades: vivir duele.

¿Quien dijo que vivir era facil?

Duele perder, fracasar, enfermar, amar sin ser correspondido. Duele, incluso, existir.Duele existir en esta socidad capitalista que te valora solo por lo economico o por la belleza fisica

El pensamiento de Albert Camus lo planteaba con crudeza al afirmar que El SUICIDIO ES EL UNICO PROBLEMA FILOSOFICO SERIO. No porque lo promoviera, sino porque entendía que todo ser humano, en algún momento, se enfrenta al vacío, a la náusea de la vida, a la sensación de absurdo.

Y es necesario decirlo con claridad:


Tenemos derecho a sentirnos cansados, vacíos, incluso desbordados por la vida.Es un derecho tan humano que incluso la Biblia lo reivindica en las palbaras de Job

(PEREZCA EL DIA EN QUE NACI, Y LA NOCHE EN QUE SE DIJO UN VARON HA NACIDO,… ¿PORQUE NO MORI CUANDO SALI DEL SENO O NO EXPIRE AL SALIR DEL VIENTRE DE MI MADRE?)

(JOB 3, 3-11)


Pero reconocer ese derecho no equivale a convertir la muerte en respuesta.

 

Entre enfermedad mental, sufrimiento y percepción de no salida

El caso de Catalina Giraldo exige una precisión clínica que no puede pasarse por alto. No estamos únicamente frente a una experiencia existencial de vacío, sino ante diagnósticos complejos: trastorno depresivo mayor severo y persistente, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad.

Esto cambia radicalmente el análisis.

La depresión no es solo tristeza. Es una alteración profunda de la percepción, del juicio y de la esperanza. Convence a quien la padece de que no hay salida, incluso cuando sí la hay.

Cuando alguien afirma “no hay solución”, la psicología clínica advierte que muchas veces no se trata de una verdad OBJETIVA, sino de una construcción SUBJETIVA afectada por el trastorno.

Aceptar el suicidio asistido en este contexto implicaría validar como definitiva una percepción que, por definición clínica, es potencialmente modificable.

 El limbo jurídico: entre el derecho reconocido y la imposibilidad real

El caso de Catalina revela una paradoja estructural del Estado colombiano: existe el derecho, pero no existe el camino para ejercerlo.

Desde 1997, la eutanasia es legal en Colombia. En 2022, se abrió la puerta al suicidio médicamente asistido. Sin embargo, la falta de regulación concreta convierte ese derecho en una promesa vacía.

La respuesta de la EPS no fue ética ni clínica: fue administrativa.
La decisión judicial tampoco abordó el fondo del problema.

Y la Corte Constitucional, al no seleccionar el caso, dejó en suspenso una discusión que el país no puede seguir aplazando.

Así, Catalina no encontró una respuesta a su sufrimiento, sino un laberinto institucional.

 El contraste con España: cuando la respuesta sí es la muerte

El caso de Noelia Castillo Ramos representa el otro extremo: un sistema donde la solicitud sí puede materializarse.

Pero esto no resuelve el problema de fondo. Lo transforma.

Porque la pregunta deja de ser jurídica para convertirse en ética y clínica:

¿haber agotado procedimientos garantiza que se agotaron las posibilidades reales de vida?
¿autorizar la muerte es siempre una forma de respetar la dignidad?

Ambos casos, lejos de contradecirse, se complementan en una misma preocupación:
la dificultad de distinguir entre una decisión autónoma y una rendición ante el sufrimiento.

 El peligro de convertir el cansancio en criterio de muerte

“Estoy cansada”.

En Catalina, esta frase no surge de una incomodidad pasajera, sino de años de sufrimiento clínico. Pero incluso así, el riesgo permanece:

si el cansancio —por más profundo que sea— se convierte en criterio suficiente para morir, la frontera ética se desdibuja peligrosamente.

Porque entonces la pregunta ya no será quién puede morir,
sino quién logra resistir.

Autonomía o abandono: una línea peligrosamente delgada

Ambos casos obligan a una reflexión incómoda:

¿estamos ampliando derechos… o normalizando formas sofisticadas de abandono?

La autonomía no puede analizarse al margen del contexto emocional, clínico y social.
Una decisión puede parecer libre, pero estar profundamente condicionada por el dolor, la soledad o la desesperanza.

Cuando la sociedad no logra ofrecer alternativas reales de alivio, la elección de morir deja de ser plenamente autónoma.

 El impacto invisible: lo que queda después

No existe una muerte sin impacto.

En contextos de suicidio asistido o eutanasia por sufrimiento psíquico, el efecto puede ser aún más complejo: familias atravesadas por dudas, profesionales cuestionados, y una sociedad que recibe un mensaje ambiguo.

Especialmente cuando se trata de una psicóloga, el símbolo es poderoso —y peligroso—:
quien estaba llamada a ayudar, no encontró razones para quedarse.

En un país como Colombia, donde el suicidio es un problema de salud pública, este tipo de mensajes puede debilitar profundamente los esfuerzos de prevención.

 La verdadera ayuda: Sostener cuando el otro no puede

Quien pide morir no siempre quiere dejar de vivir.
Muchas veces quiere dejar de sufrir.

Y ahí radica la responsabilidad ética más profunda:

¿responder eliminando el sufrimiento… o eliminando a quien sufre?

Ayudar no es rendirse con el otro.
Es sostenerlo incluso cuando él ya no puede hacerlo.

La evidencia clínica es clara: muchas personas que en algún momento desearon morir, tiempo después agradecen haber encontrado otra posibilidad.

 Una propuesta necesaria para Colombia

El caso de Catalina Giraldo no debe cerrarse como un expediente más. Debe convertirse en un punto de inflexión.

Colombia necesita:

• Reglamentar de manera urgente el suicidio médicamente asistido, evitando vacíos que profundicen el sufrimiento.
• Fortalecer el sistema de salud mental con acceso oportuno, continuo y especializado.
• Diferenciar con rigor clínico el sufrimiento existencial de los trastornos tratables.
• Reforzar estrategias de prevención del suicidio, especialmente en población joven.
• Construir redes reales de acompañamiento que reduzcan la soledad estructural.

 Conclusión: sostener la vida, incluso cuando pesa

Defender la vida no es negar el dolor.
Es negarse a que el dolor tenga la última palabra.

El caso de Catalina ocurrió primero. El de Noelia después.
Pero ambos nos están diciendo lo mismo:

algo está fallando en la forma en que acompañamos el sufrimiento humano.

Quizá la pregunta no sea si la vida siempre vale la pena.
Quizá la verdadera pregunta sea:

¿Qué estamos haciendo como sociedad para que alguien, incluso en medio del agotamiento más profundo, encuentre razones para quedarse?

Porque el verdadero desafío no es decidir sobre la muerte,
sino aprender —de una vez por todas— a sostener la vida… incluso cuando duele.

 


jueves, 26 de marzo de 2026

UNA SOCIEDAD QUE MATA A SUS CIUDADANOS PORQUE ES INCAPAZ DE AYUDAR A ALIVIAR SU SUFRIMIENTO

 




¿Es la eutanasia en contextos de sufrimiento no terminal una solución… o una renuncia social? El caso de Noelia Castillo


Una reflexión desde la psicología clínica y la prevención del suicidio


Por Oscar Suárez

La muerte de Noelia Castillo Ramos ya no es una posibilidad ni un debate en abstracto.
Es un hecho.

Ocurrió.

Y con ella no solo se extinguió la vida de una joven de 25 años en plena primavera de su existencia, sino que quedó expuesta una herida ética, clínica y social que difícilmente podremos ignorar.

Y para comprender la profundidad de lo ocurrido, no basta con analizar el caso desde lo jurídico o lo clínico.
Es necesario, primero, detenerse y mirar su historia.

Imaginarla.

Imaginar que tienes 13 años y te sacan de tu casa porque tu hogar no puede sostenerte.
Imaginar que creces sin el cuidado básico que todo ser humano necesita.

Imaginar que una noche eres víctima de una agresión sexual brutal que rompe tu cuerpo y tu mundo interno.

Imaginar que, desde ese momento, no solo cargas con el recuerdo, sino con heridas persistentes: depresión severa, un trastorno de personalidad, una sensación constante de ruptura interior.

Imaginar que el dolor se vuelve tan intenso que intentas morir.
Y no lo logras.

Imaginar que sobrevives, pero no vuelves a la vida: despiertas con secuelas físicas irreversibles, con una discapacidad mayor, con el cuerpo convertido en un territorio de dolor permanente.

Imaginar que lo intentas otra vez.
Y otra.

Imaginar que cada día se vuelve una lucha que ya no quieres librar.
Que el cansancio no es momentáneo, sino estructural.

Imaginar que pides morir.
Y que el sistema finalmente te dice que sí.

Pero también imaginar que ese “sí” llega después de años de disputa, de resistencia, de tensiones familiares, de intentos por detener lo inevitable.

Y entonces, solo entonces, entender que Noelia no murió en una fase terminal.
Murió en medio del dolor.
Murió en medio del cansancio.
Murió en medio de una historia profundamente fracturada.

 Una muerte que interpela a la psicología… y a la sociedad

Para quienes trabajamos durante años en la prevención del suicidio, esta muerte no se siente como un cierre digno sin más.

Se vive, más bien, como una  DERROTA.

Porque detrás de su decisión había elementos clínicos claramente identificables:

  • trauma severo no resuelto
  • dolor físico crónico
  • agotamiento emocional extremo
  • pérdida de sentido de vida
  • desesperanza persistente

En el lenguaje clínico, estas no son condiciones que indiquen ausencia de alternativas.
Son, por el contrario, señales que históricamente han movilizado todos los esfuerzos terapéuticos posibles.

Sin embargo, en este caso, la respuesta no fue sostener la vida hasta el límite de las posibilidades, sino validar la muerte como salida.

Y ahí nace la incomodidad.

El peligro de convertir el “cansancio” en argumento

Noelia decía estar cansada.
Y ese cansancio era real.

Pero en psicología sabemos algo fundamental:
el cansancio no es una verdad definitiva sobre la vida, sino la expresión de un sistema emocional colapsado.

Si ese estado se convierte en criterio suficiente para morir, la pregunta es inevitable:

¿Qué mensaje estamos enviando a millones de jóvenes que hoy también están cansados?

Porque el riesgo no está solo en este caso individual.
Está en el modelo que se construye:

Que ante el sufrimiento profundo, desaparecer puede ser una opción validada.

Y en una época marcada por la depresión, el vacío y la desesperanza, ese mensaje no es neutro.
Es profundamente estructurante.

Una muerte legal… pero ¿también suficiente desde lo humano?

El caso cumplió con los requisitos legales.
Fue autorizado.
Fue validado.

Pero la legalidad no responde todas las preguntas.

Aceptar esta muerte implica asumir que:

  • ya no había alternativas reales
  • el sufrimiento era completamente irreversible
  • la percepción de Noelia no podía cambiar

Y la experiencia clínica muestra que, incluso en escenarios extremos, el ser humano puede reconstruir sentido cuando encuentra acompañamiento sostenido, vínculo y nuevas formas de significado.

Por eso la pregunta sigue abierta:

¿Se agotaron todas las posibilidades… o nos agotamos como sociedad para sostenerla?

El dolor no terminó: solo cambió de lugar

La muerte de Noelia no eliminó el sufrimiento.

Lo desplazó.

Quedó en su familia.
Quedó en quienes intentaron acompañarla.
Quedó en una sociedad que ahora debe procesar lo ocurrido.

Porque el dolor no desaparece con la muerte.
Se transforma.
Se redistribuye.

El mensaje para los jóvenes

Este caso tiene un impacto simbólico profundo.

Especialmente en una generación que ya vive:

  • agotamiento emocional
  • vacío existencial
  • pérdida de propósito
  • fragilidad psicológica

En ese contexto, la validación de la muerte como respuesta al sufrimiento instala una idea peligrosa:

si no puedes más, es comprensible querer dejar de existir.

Y eso contradice décadas de trabajo en prevención del suicidio, donde el principio ha sido otro:

si no puedes más, necesitas más apoyo, no menos vida.

¿Qué significa realmente ayudar?

Aquí está la pregunta más incómoda:

¿Qué significa ayudar a alguien que sufre profundamente?

¿Facilitar su muerte?
¿O permanecer cuando ya no quiere seguir?

Desde la psicología clínica, ayudar nunca ha sido abandonar.

Ayudar es:

  • sostener cuando todo se derrumba
  • acompañar en la desesperanza
  • insistir cuando el otro se rinde
  • abrir posibilidades donde solo hay cierre

Ayudar implica, muchas veces, resistir junto al otro el peso del dolor.

 Conclusión: una sociedad en tensión

La historia de Noelia no es solo una tragedia individual.
Es un espejo social.

Porque también es cierto —y no puede ignorarse— que su vida estuvo marcada por el abandono, la violencia y un dolor acumulado que ninguna persona debería soportar.

Y en ese punto aparece la tensión real:

entre comprender su sufrimiento…
y preguntarnos si la muerte es la respuesta que queremos institucionalizar como sociedad.

Hoy no basta con juzgar.
Tampoco basta con justificar.

Lo que este caso exige es una reflexión más profunda:

sobre cómo cuidamos,
cómo acompañamos,
y hasta dónde estamos dispuestos a sostener la vida cuando más duele.

Porque cuando una sociedad empieza a considerar la muerte como solución,
el verdadero riesgo no es solo que algunos mueran…

sino que muchos dejen de creer que vale la pena vivir.