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martes, 14 de julio de 2026

UNA SOCIEDAD QUE MATA A SUS CIUDADANOS PORQUE ES INCAPAZ DE AYUDAR A ALIVIAR SU SUFRIMIENTO

 


¿La eutanasia en contextos de sufrimiento psíquico severo: una respuesta compasiva… o un desafío para la salud mental? El caso de Catalina Giraldo

Una reflexión desde la psicología clínica y la prevención del suicidio

Por Oscar Suárez

La muerte de Catalina Giraldo ya no pertenece al terreno de las hipótesis ni de los debates académicos.

Es un hecho.

El pasado 9 de julio de 2026, Colombia conoció uno de los casos más complejos y controvertidos en la historia reciente de la salud mental y la bioética.

Con su fallecimiento no solo terminó la vida de una joven psicóloga de apenas 30 años. También se abrió una profunda discusión sobre la manera en que nuestra sociedad responde al sufrimiento psicológico cuando este parece no tener fin.

Para comprender la dimensión de este caso no basta con analizar la decisión desde el punto de vista jurídico o médico.

Es necesario detenerse, por un momento, en la historia humana que existía detrás.

Imaginar que durante diez años convives con un dolor emocional intenso que no concede tregua.

Imaginar que recibes diagnósticos de trastorno depresivo mayor severo y persistente, trastorno límite de la personalidad y trastorno de ansiedad.

Imaginar que aceptas cada tratamiento con la esperanza de recuperar la tranquilidad.

Cerca de cuarenta esquemas farmacológicos.

Años de psicoterapia.

Terapia electroconvulsiva.

Infusiones de ketamina.

Hospitalizaciones repetidas.

Nuevos intentos terapéuticos.

Nuevas expectativas.

Y nuevas decepciones.

Imaginar que, aun con todo ese esfuerzo, el sufrimiento continúa.

Que cada recaída hace más difícil creer que la siguiente intervención será diferente.

Que el agotamiento termina convirtiéndose en una experiencia permanente.

Catalina expresó sentirse exhausta.

Sentía que ya no podía seguir intentando.

Finalmente, el Estado colombiano autorizó la práctica de la eutanasia y el procedimiento se realizó el 9 de julio de 2026.

Un caso que interpela a la psicología

Para quienes trabajamos desde hace décadas en salud mental y prevención del suicidio, este caso produce inevitables preguntas.

No porque se desconozca la intensidad del sufrimiento de Catalina.

Tampoco porque se pretenda minimizar el fracaso de múltiples tratamientos.

Por el contrario.

Precisamente porque conocemos la complejidad de estos cuadros clínicos sabemos que el sufrimiento psíquico puede llegar a ser devastador.

Pero también sabemos que la desesperanza constituye uno de los síntomas centrales de la depresión severa.

Y esa realidad obliga a preguntarnos:

¿Cómo diferenciar una decisión verdaderamente autónoma del peso que ejerce una enfermedad cuya esencia consiste precisamente en hacer creer que ya no existe salida?

No es una pregunta sencilla.

Y probablemente no tenga respuestas absolutas.

 

 

 

Cuando el tratamiento no logra aliviar el dolor

Catalina recibió atención especializada durante años.

Su historia evidencia el enorme esfuerzo realizado por profesionales, instituciones y por ella misma.

Sin embargo, existen casos en los que la ciencia aún no consigue aliviar completamente el sufrimiento.

Reconocer esa realidad no significa renunciar a seguir investigando ni a fortalecer los servicios de salud mental.

Al contrario.

Nos recuerda que todavía existen enormes desafíos para comprender mejor los trastornos mentales graves y ofrecer alternativas cada vez más eficaces.

El impacto social de estos casos

Más allá de la decisión individual, estos acontecimientos generan un profundo impacto colectivo.

Especialmente entre miles de personas que hoy viven con depresión, ansiedad, trastornos de personalidad o pensamientos suicidas.

Por ello resulta indispensable transmitir un mensaje claro.

La existencia de un caso excepcional, evaluado dentro de un marco legal y médico específico, no significa que el sufrimiento psicológico carezca de posibilidades de tratamiento o de mejoría para la mayoría de las personas.

Cada historia clínica es diferente.

Y muchas personas que alguna vez sintieron que no había esperanza han logrado recuperar calidad de vida gracias a tratamientos oportunos, redes de apoyo y acompañamiento continuo.

Por eso resulta fundamental evitar que estos casos sean interpretados como una respuesta general al sufrimiento emocional.

La responsabilidad de una sociedad

El caso de Catalina también obliga a mirar más allá del sistema de salud.

Nos invita a preguntarnos cuánto hacemos como sociedad para prevenir el sufrimiento antes de que alcance niveles extremos.

¿Cuánto invertimos en prevención?

¿Cuánto fortalecemos la atención temprana?

¿Cuánto acompañamos a quienes viven con enfermedades mentales severas y a sus familias?

Porque la salud mental no depende únicamente de medicamentos o intervenciones clínicas.

También necesita vínculos, comprensión, inclusión social, acceso oportuno a los servicios y comunidades capaces de sostener a quienes atraviesan momentos de profunda vulnerabilidad.

Reflexión final

La historia de Catalina Giraldo no admite juicios simplistas.

Detrás de ella existió una mujer que luchó durante años contra un sufrimiento que describía como insoportable.

Su caso merece respeto, sensibilidad y una profunda reflexión ética.

Pero también nos recuerda que la salud mental continúa siendo uno de los mayores retos de nuestro tiempo.

Como psicólogo y como profesional dedicado durante décadas a la prevención del suicidio, considero que estos acontecimientos deben impulsarnos a fortalecer la investigación, ampliar el acceso a tratamientos especializados, combatir el estigma y construir redes de apoyo más sólidas para quienes viven con trastornos mentales graves.

Quizá la pregunta más importante que deja Catalina no sea únicamente cómo respondió el sistema a su sufrimiento.

 La verdadera pregunta es qué más podemos hacer, como profesionales, instituciones y sociedad, para que cada persona que enfrenta un dolor psicológico extremo encuentre oportunidades de atención, acompañamiento y esperanza antes de llegar al límite de sus fuerzas.

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