En días recientes se ha viralizado un video de alto
impacto emocional en el que se observa a un médico, de aproximadamente 35 años
de edad, agrediendo físicamente a una persona que se encontraba acostada en una
cama hospitalaria, conectada a dispositivos que asistían su respiración. De
acuerdo con el material audiovisual difundido, la persona agredida era paciente
del hospital por problemas respiratorios. Los hechos habrían ocurrido en el Indira
Gandhi Medical College and Hospital (IGMCH), anteriormente conocido como Himachal
Pradesh Medical College, institución pública ubicada en el sector de
Snowdown, Lakkar Bazaar, Shimla, Himachal Pradesh, India.
Desde una mirada superficial o desprevenida, esta
escena podría interpretarse como una reacción humana e impulsiva por parte de
un profesional de la salud sometido a altos niveles de estrés laboral,
sobrecarga emocional y exposición constante a conductas agresivas,
desobligantes o provocadoras por parte de algunos pacientes. Es innegable que
el personal médico y asistencial enfrenta cotidianamente situaciones de gran
exigencia emocional, frustración y desgaste psíquico.
No obstante, una lectura más atenta y
especializada, particularmente desde el marco teórico del psicoanálisis,
permite evidenciar una problemática mucho más profunda: una falencia
estructural del sistema médico y de la red hospitalaria, relacionada con la
insuficiente capacitación emocional, psicológica y relacional del personal
que interactúa directamente con el público.
Desde el psicoanálisis, es ampliamente conocido el
fenómeno de la transferencia, entendido como el proceso mediante el cual
el paciente proyecta sobre el profesional de la salud —o sobre cualquier figura
investida de autoridad institucional— emociones, afectos, temores,
frustraciones y conflictos inconscientes que no se originan necesariamente en
la relación actual, sino en experiencias previas significativas. En contextos
hospitalarios, estas transferencias suelen intensificarse debido a la
vulnerabilidad física, el miedo a la enfermedad, la dependencia y la angustia
frente a la posibilidad de muerte o deterioro.
De manera complementaria, se encuentra el fenómeno
de la contratransferencia, que hace referencia a las reacciones
emocionales —conscientes e inconscientes— que el profesional experimenta frente
al paciente. Cuando estas respuestas no son reconocidas, elaboradas o
contenidas adecuadamente, pueden derivar en conductas impulsivas, defensivas o
incluso violentas, como expresión de un desborde emocional no tramitado.
En este sentido, la conducta observada en el video
no puede ser comprendida únicamente como una falla individual, sino como el
resultado de un sistema que no garantiza procesos continuos de formación,
supervisión psicológica y autocuidado emocional para sus profesionales. La
ausencia de espacios de reflexión clínica, acompañamiento terapéutico y
capacitación en manejo de emociones y relaciones humanas incrementa el riesgo
de actuaciones contratransferenciales dañinas.
Pese a lo anterior, es fundamental subrayar que la
responsabilidad ética y profesional recae directamente en el médico, quien,
por su formación y rol, tiene la obligación de regular sus reacciones
emocionales, reconocer sus límites y actuar conforme a los principios de
respeto, dignidad y no maleficencia. Sin embargo, esta responsabilidad
individual debe ir acompañada de una responsabilidad institucional, en
cabeza de los directivos y administradores, quienes deben promover una capacitación
permanente e integral de todo el personal.
Esta necesidad de formación no se limita
exclusivamente al área médica o asistencial. Por el contrario, se hace
extensiva a todos los sectores que interactúan con población vulnerable o en
situación de alta carga emocional, tales como el sistema de justicia,
entidades administrativas, fuerzas de seguridad, servicios sociales y demás
entes públicos. La comprensión de los fenómenos de transferencia y
contratransferencia resulta crucial para prevenir conflictos, abusos de poder,
actos de violencia institucional y vulneraciones de derechos humanos.
En conclusión, situaciones como la observada en el
video evidencian la urgencia de repensar los modelos de atención al público,
incorporando de manera sistemática la formación psicológica, psicoanalítica
y humana del personal, no solo como una medida preventiva, sino como un
compromiso ético con la dignidad de las personas atendidas y con la salud
mental de quienes ejercen funciones de cuidado, control o justicia.






